domingo, 4 de septiembre de 2011

Una liberación a mano


A veces cuando me abruma la sensación de desierto, como ahora con mis lecturas, vuelvo a los orígenes, a las palabras de Buda, que para mí son fuente de sabiduría intemporal.

Releyendo sus enseñanzas, hoy me he encontrado con una de sus habituales andanadas a la línea de flotación de la identidad:

“Ahora declaro esto: tras investigar, no hay nada entre todas las doctrinas que alguien como yo abrazaría. Al ver la penuria de las perspectivas filosóficas, sin adoptar ninguna de ellas, buscando la verdad descubrí la paz interior.

“Ni por cualquier opinión filosófica, ni por tradición, ni por conocimiento, ni por la virtud y las obras religiosas puede nadie decir que la pureza existe; ni por la ausencia de opinión filosófica, ni por la ausencia de tradición, ni por la ausencia de conocimiento, ni por la ausencia de virtud y buenas obras tampoco; abandonándolas sin adoptar ninguna otra cosa, que uno, sereno e independiente, no desee ningún lugar de descanso.

“El que se cree igual a los demás, o superior, o inferior, disputa por esa misma razón; pero el que se mantiene impávido bajo esas tres condiciones, para esa persona las nociones de ‘igual’, ‘superior’ o ‘inferior’ no existen.

“El Sabio para el que no existen las nociones de ‘igual’ o ‘desigual’, ¿acaso diría ‘Esto es verdad’? ¿O con quién disputaría, diciendo ‘Eso es falso’? ¿Con quién iba a entrar en disputa?

“La persona experta no se vuelve arrogante debido a perspectivas filosóficas o pensamientos, porque no es de ese tipo; no se deja guiar por las obras religiosas o por la tradición, no se deja llevar a ninguno de los lugares de descanso de la mente.

“Para el que está libre de puntos de vista no hay ataduras, para el que se ha liberado mediante la comprensión no hay locuras; pero los que se agarran a los puntos de vista y las opiniones filosóficas, esos deambulan por el mundo irritando a la gente”.

Me encanta Buda, siempre tan frontal y directo.

¿Qué entiendo de sus palabras?

Que hay una verdad que se puede experimentar más allá de las disputas y las dicotomías mentales de “x” o “no-x”. Esa verdad es suprema y superior a toda disquisición filosófica.

Que solo los que la han experimentado pueden hablar legítimamente de esa verdad. Por tanto, hacer cábalas sobre lo que es o deja de ser no me va a acercar a ella. El mapa no es el territorio.

Que cualquier operación mental que haga para acceder a ella mediante atajos es una trampa; solo vale ir a su encuentro desnudo, sin aceptar ninguno de los sucedáneos que la mente, siempre tan perra, me ofrece sin cesar. No hay sustituto posible para la experiencia directa.

Que compararme con los demás refuerza la identidad (la creencia en mi propia existencia y la de los demás como entes separados) y es fuente de ansiedad, riñas y estrategias absurdas.

Que las discriminaciones mentales me separan de la experiencia de la verdad, que está al alcance de la mano.

Que tengo que estar constantemente vigilante para no dejarme llevar por la fuerza de la costumbre a esos rincones mentales donde me acomodo y descuido, dejándome llevar por la corriente de mis hábitos malsanos más inveterados.

Que la liberación pasa por librarme primero de mis propias ideas y opiniones, que son las cañas y barro con los que he construido mi endeble identidad intelectual, que tiene que desmoronarse por completo para dar paso a más luz. Afortunadamente, como reza el dicho, torres más altas han caído.

Claro que Buda tenía razón. Con este “programa de actividades” por delante… ¿a quién se le ocurriría ponerse a discutir con otros?

1 comentario:

javuchi dijo...

¿te diste cuenta que la única forma de hacer lo que dices y no contradecir las palabras de buda es quedantote callado... de boca de teclado y de mente....?
Si, podría ser por compasión si actúas con tu naturaleza.... pero, ¿es así?