viernes, 19 de marzo de 2010

¿Un medio hábil?

La entrada anterior concluía con la conjetura de que la ilusión de individualidad y separación que distingue a los seres humanos de otras especies puede ser un “medio hábil” de la fuerza de la vida para promover su propia supervivencia global.


Eso, aunque igual resulte útil como herramienta para explicar mejor las cosas, me obliga a una amarga reflexión.


¿Está siendo de verdad el ser humano un “medio hábil” para la supervivencia de la vida en este planeta? Ése es sin duda el hermoso potencial y privilegio del que disfrutamos. ¿Lo estamos cumpliendo? Seamos honrados con nosotros mismos.


¿Qué estamos haciendo con los demás seres vivos que comparten la Tierra con nosotros y, aparte de su valor y dignidad intrínsecos, ofrecen un registro de respuestas de asombrosa creatividad e ingenio que la fuerza de la vida ha ido pergeñando para adaptarse y sobrevivir en las condiciones más variadas y a menudo adversas?


Los estamos exterminando. Ya sea activamente, por sobreexplotación, o por la desidia e indiferencia con que contaminamos y destruimos sus hábitats naturales, bajo el dominio de un ser humano enloquecido las especies se están extinguiendo al mayor ritmo de los últimos 65 millones de años. Hay biólogos que calculan que en nuestra vida veremos desaparecer un cuarto del total de especies y que, para final del siglo, esa proporción puede subir hasta la mitad.


La anterior extinción masiva, que conllevó la desaparición de los dinosaurios, se atribuye al impacto de un meteoro sobre la superficie terrestre entre los periodos cretácico y terciario. Podríamos decir que los sapiens sapiens hemos aparecido en el planeta de forma menos repentina que ese meteoro, pero igual de mortífera. Por suerte, aún tenemos la capacidad de darnos cuenta y reaccionar, pero no queda mucho tiempo.


Aunque sólo fuese por pura prudencia interesada, no parece un comportamiento muy sabio eliminar recursos alegremente sin la certeza de que no habremos de lamentar su desaparición en el futuro.


La triste realidad es que no importa cómo de sensibles o inteligentes nos creamos uno por uno, a escala colectiva nos comportamos de forma egoísta, con cruel indiferencia hacia los demás seres vivos, aparte de con una estupidez sorprendente que nos lleva a coquetear con el suicidio.


No estamos tan lejos que las células cancerosas, que empiezan a multiplicarse sin atender a la armonía y equilibrio con su entorno hasta que llegan a poner en peligro y a menudo destruir la supervivencia de su anfitrión –sin reparar por un instante en que la muerte del organismo que las alberga necesariamente ha de suponer su propia muerte.


Si lees esto y crees que puede haber alternativas a la mera resignación, en la página web de Mahabodhi Sunyata encontrarás una invitación para reflexionar y responder a esta catástrofe (http://www.mahabodhisunyata.com/home/vigilancia).


Esto es el budismo tal como lo entendemos en Mahabodhi Sunyata: una implicación personal y activa en la supervivencia natural y correcta de la fuerza de la vida, empezando por liberar la expresión de esa fuerza en uno mismo, sin perder de vista la totalidad ni renunciar a actuar en el mundo en las causas que consideramos justas y nobles.

3 comentarios:

javuchi dijo...

Aquí dar un paseo por el campo es dar un paseo por aquellas extensiones "humanas" que no se ven desde la ciudad. Donde antes había bosques de encinas, arrollos, y un sin fin de especies animales, ahora solo quedan interminables campos de maizales, cebada y trigo, minifundios de olivares, presas para el consumo de humanos y animales domesticos y muchas granjas atestadas de animales que son cebados para luego comérselos.
Me parece muy correcta la visión de Mahabodhi Sunyata... pero también soy consciente de la inmensidad del problema. Ya es tan difícil liberarse uno mismo, ¡imagina liberar el mundo! Pero soy optimista, seguro que hay estrategias que podemos tomar una vez estemos libres un buen pequeño grupo.

Anónimo dijo...

El ser humano, efectivamente, se comporta de forma egoísta, y probablemente, desapareceremos por nuestros propios méritos o quizá, a manos de una de las extinciones sobrevenidas que cíclicamente se han dado en nuestro pequeño planeta (una cierta cuestión de probabilidad). Los budistas, los cristianos, los musulmanes, los ateos, y los nada, todos, jugamos a obviar el problema o a intentar solucionarlo, como si eso le importara algo al universo.
Nos creemos importantes, y esa importancia busca su propia substancia en nuestras creaciones mentales, en nuestras propias estructuras del pensamiento, ya sean religiosas, bondadosas, vitalistas, nihilistas o lo que nos dé por inventar.
La liberación no existe. No hay nada que podamos liberar, y aunque jugáramos -juguemos-a hacerlo y lo consiguiéramos -consigamos-, no tendría absolutamente ninguna transcendencia.
¿Qué nos enseña sino el devenir del hombre hasta nuestros días?

Jué-shān 崫 山 dijo...

Anónimo:

¿Qué es para ti la liberación? ¿Cómo sabes que no existe?

“Supongamos que todo el mundo tiene una cajita con algo dentro, a lo que llama 'escarabajo'. Nadie puede mirar dentro de las cajas ajenas y todo el mundo dice que sabe lo que es un escarabajo mirando al suyo. En tal situación, sería perfectamente posible que cada uno tuviera algo distinto en su caja, e incluso que ese algo estuviera cambiando constantemente. ¿Tendría sentido la palabra 'escarabajo' en el lenguaje de esa gente?” (Ludwig Wittgenstein, Investigaciones Filosóficas, párrafo 293).