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sábado, 17 de mayo de 2014

Impresiones de Bután



En Bután, y en los Himalayas en general, muchos paisajes naturales están sembrados de huellas de devoción budista, casi siempre en forma de banderas de oraciones y a veces como molinos de agua que hacen girar enormes ruedas de oraciones.

La idea es que el viento esparce los mantras de las banderas hacia todos los puntos cardinales; por eso se les llama lungta, que significa “caballo de viento”, como si difundieran su mensaje a lomos de las corrientes de aire que galopan por valles y cordilleras.

Cuando se trata de una rueda de oraciones movida por el agua, habitualmente con el mantra Om Mani Padme Hum inscrito en ella, se supone que sus bendiciones pasan al agua que la hace girar y a través de ella a todos los seres vivos de los ríos y océanos con los que entre en contacto.

En los templos y monasterios, es habitual que haya ruedas similares que los devotos hacen girar impulsándolas con sus manos. Pero hay cierta poesía e ingenio en encauzar de esa manera las fuerzas de la naturaleza y ponerlas igualmente al servicio de propagar el Dharma y sus bendiciones. El viento y los arroyos secundan entonces a los humanos y se convierten en mensajeros de la ley natural.

Si los pueblos del Himalaya emplean objetos móviles pero inertes en sí para difundir el Dharma, ¡cuánto más potente no será un ser vivo dedicado a la misma tarea! Eso es lo que hacen los maestros.

Por eso, las banderas y ruedas de oraciones también actúan como un recordatorio, una invitación sutil a convertirnos en dinamos del Dharma, girando con el impulso de nuestra propia fuerza vital, que es capaz de proyectar la sabiduría y compasión budistas mucho mejor que cualquier bandera o molino, siempre que hayamos sabido tocarlas y sacarlas a la luz desde nuestra propia naturaleza.


lunes, 23 de diciembre de 2013

A mar revuelto...



La naturaleza es realmente asombrosa. Este vídeo muestra a unos delfines de la especie tursiops truncatus que usan una técnica de pesca nunca vista antes. Las imágenes dan fe de una inteligencia y una creatividad naturales que muchos creerían reservadas a los humanos.

Nadando por aguas poco profundas en el Golfo de México, los delfines localizan primero un banco de peces y luego uno de ellos lo rodea al tiempo que va golpeando el fondo con su cola, levantando así suficiente arena para formar un cerco alrededor del banco. Entonces, los peces se sienten acorralados por lo que parece una red que se cierra sobre ellos, saltan del agua para escapar y... caen en las fauces de los delfines, que les esperan con la boca abierta, casi con una sonrisa –ciertamente parecen divertirse mucho con esta arte de pesca. 



Quizá sea casualidad, pero los círculos que dejan en el agua me recuerdan mucho a los círculos Zen llamados ensō, trazados con la misma naturalidad cuando están bien hechos, sin identidad que los controle.

Qué distintos estos círculos de arena de las añagazas y encerronas que nos tendemos los humanos unos a otros cuando detrás hay alguien que quiere beneficiarse y medrar. En nuestra sociedad consumista y competitiva, hemos hecho de la media verdad un arte y de la argucia un estilo de vida. Pero todo es feo, forzado, ramplón, sin vuelo –por hablar solo de estética.

La naturaleza también engaña, cierto, pero no hay un “yo” que se aproveche de ello. En cambio, mira casi cualquier engañifa humana y captarás enseguida el tufillo de la identidad que se frota las manos y sale ganando con el trato, ya sea una persona, una empresa o un partido político.

El camino espiritual tampoco es una excepción. No es que las ropas exóticas, los rituales impactantes o los ambientes evocadores sean de por sí un indicio de mala intención, pero tampoco son garantía de nada y es fácil apegarse a ellos y despistarse. Eso sí, ante alguien que se adorna mucho al hablar u ofrece explicaciones nebulosas sin fundamento aparente, cuidado: en el mejor de los casos, no tiene las ideas claras, y en el peor, hay trampa por algún lado. ¿Son herramientas necesarias o una cortina de humo que te impide ver lo que está pasando y te puede llevar a saltar adonde menos te conviene?

Para mí, ésa es la enseñanza que estos delfines tursiops truncatus ilustran con elegancia insuperable: A río revuelto, ganancia de pescadores. Y a la inversa, podríamos decir que en la claridad de la comprensión, nadamos como pez en el agua.

Entender es esencial; por suerte, la explicación más sencilla también suele ser la más correcta. Lo que cuenta es la comprensión, y lo mejor es que sea serena, clara y natural. Un camino que te exija contorsiones de cualquier tipo probablemente no sea el más indicado para ti. Eso no desmerece al camino ni tampoco te rebaja a ti; simplemente se trata de encontrar el ajuste más apropiado para cada persona, usando la investigación libre y crítica que Buda recomendó en el Sutra de los Kalamas.

lunes, 5 de diciembre de 2011

La gloriosa vuelta a casa en el camino natural


Traducido de www.mahabodhisunyata.us:

Hay que empezar por decir sin rodeos que el camino de vuelta a casa es un viaje magnífico, pero en absoluto fácil. Si crees que lo único que tienes que hacer es ponerte a usar ahora esta mente inteligente que te imaginas que has heredado como homo sapiens, te equivocas.

Esta mente que tienes es una abominación.

La naturaleza le dio al hombre, y por supuesto a la mujer, la capacidad de ser quizá el mayor defensor de la evolución, el guardián sabio de la diversidad de la vida.

La leyenda dice que en el árbol que descubrió Eva había una manzana de sabiduría. Me temo que no es exactamente cierto.

Lo que Eva descubrió fue una caja negra, que al tocarla decía sin rodeos: “No abras esta caja bajo ninguna circunstancia a menos que seas un sabio”.

El problema es que Eva no tenía ni idea de lo que era un sabio y por otra parte la caja no estaba cerrada con candado.

Así que la abrió. Dentro había una pistola cargada, con seis balas en la recámara.

Sintió una gran curiosidad.

Se asomó a mirar por el pequeño agujero y apretó el gatillo para ver qué pasaba.

No supo que la primera bala que entró en el hemisferio izquierdo de su cerebro se llamaba “palabras y conceptos”. Entonces supo que la cosa se llamaba “pistola” y le encantaron todas esas palabras que ahora podía usar. Así que caminó hasta donde estaba Adán y le pegó un tiro, también en el hemisferio izquierdo.

Naturalmente, se sentaron y hablaron largo y tendido. Juntos, con un poco de insistencia por parte de Eva, decidieron probar otro tiro.

Ambos ya tenían un agujero en la cabeza y no querían hacerse otro, porque ahora habían decidido que “estar guapos”, un nuevo concepto, era importante.

Así que cada uno se pegó otro tiro en el mismo agujero.

La segunda bala tenía un nombre que por el momento desconocían. Era “Dualidad”. Ahora todo tenía sentido. Todo tenía dos partes… Había la parte de ella y la parte de él.

Eva quería usar las últimas dos balas para sí, pero entonces a Adán se le ocurrió una nueva idea dual: que hay un jefe y un no-jefe, es decir, una mujer obediente.

Pero también sabía que existe el “ser justo y no ser justo”, así que cogió la pistola y disparó las últimas balas en el agujero que cada uno ya tenía.

Por supuesto que no tenían idea de que esas dos últimas balas estaban marcadas como “Identidad”.

Estaban encantados, así que echaron a la naturaleza a patadas de su jardín y empezaron a ponerle nombres a todos los animales, de manera que supieran cuáles podían matar a partir de ahora. También les dieron nombre a todas las plantas para poder diferenciarlas y luego vendérselas a sus vecinos a precios diferentes según su grado de rareza.

Esta Identidad y Dualidad les iban de maravilla. Follaron todo lo que quisieron sin la más mínima idea de por qué lo hacían y se inventaron mil y una cosas que desear y a las que apegarse.

Sufrían, pero decidieron que eso era totalmente natural y que bien valía las ventajas que conllevaba.

Luego empezaron a ponerse científicos y se preguntaron por la pistola.

Entonces descubrieron que no había más balas.

Volvieron a la caja para ver si había otra pistola, o al menos más balas. Pero ahí no había nada excepto un pequeño frasco de vidrio transparente.

Estaba marcado nítidamente: “Antídoto del Dharma para quienes sufren los síntomas de la Dualidad e Identidad”.

Eva quiso conservarlo por si valía algo, pero Adán, el jefe, decidió tirarlo por un barranco para estrellarlo contra las rocas y acabar con él.

Lo lanzó a gran distancia. Dio varias vueltas en el aire y por último cayó entre las rocas.

Lo que no sabían es que la naturaleza había hecho un frasco indestructible.

El frasco cayó entre las rocas y en el olvido. Así pues, Adán y Eva siguieron en su pequeño jardín, bien feo ahora porque no tenían tiempo para cuidar de él correctamente.

Eso, por supuesto, ocurrió hace unos catorce mil años, más o menos.

Sus descendientes discutieron y debatieron miles de años después si el frasco realmente era un frasco o un corazón de manzana, el Santo Grial, o la sagrada piedra filosofal. Buscaron pero nunca lo encontraron.

Algunas figuras ilustres encontraron o inventaron otros frascos de distintos colores que, insistían, contenían una poción mágica, pero aunque millones de personas usaron la pócima, que al menos les hacía sentirse santos, no llegaron a convertirse en corrientes.

Ahora, en esta época del Gran Desastre, tenemos en nuestras manos el frasco original que un Sabio sí que encontró y abrió, dejando que el antídoto fluyera en el mundo.

El único problema era que es difícil de ver y espantoso de tragar.

Me parece que es como el natto. Pero cuando lo tomas con gran dificultad, compruebas que sin duda es un antídoto. Hoy se llama Budadharma, pero a pocos les agrada su sabor. La mayoría quiere algo más apetecible.

Así que algunos insensatos inteligentes lo diluyeron, exageradamente en realidad, y lo llamaron budismo.

Los humanos inteligentes, aunque carentes por completo de inteligencia natural, lo diluyen aún más y lo llaman con el atractivo y seductor nombre de Sinatra, “A mi manera” (My Way).

Los humanos adquisitivos lo diluyen con la poción fantásticamente embriagadora de Freddy Mercury, “Lo quiero todo y lo quiero ya” (I Want It All and I Want It Now).

Los humanos sensibles pero confundidos no son capaces de decidir cuál es “a mi manera” y tienen miedo de tomarla, en caso de que “todo” sea demasiado y “ya” sea demasiado pronto.

Solo los valientes se atreven, con pleno conocimiento de que no es fácil en absoluto, pero que en esta vida cualquier cosa que vale la pena exige Energía, Dedicación, Calma, Paciencia, Determinación, y Perseverancia junto con Introspección e Investigación Libre y Crítica.

La pregunta es:

¿Eres alguien que se atreve a convertirse en un “hombre corriente”?

¿Eres alguien que se atreve a convertirse en una “mujer corriente”?